A veces, nos cuesta un largo recorrido a lo largo de años hasta llegar a ese profesional que entienda cómo tratar nuestro pelo y a nosotras mismas. Pero si tenemos en cuenta ciertas pautas, es probable que podamos llegar a lo mejor en menos tiempo. Sólo falta tener en cuenta los datos que siguen:
Si agarra el cabello entre sus dedos y hace un diagnóstico de su estado.
Osberva los rasgos faciales y el color del cutis de su cliente.
Escucha antes de hablar.
Establece los períodos de coloraciones, permanentes y moldeados.
Se negará siempre a hacer algo que pueda perjudicar la salud del cabello, aunque pierda a su dienta para siempre.
Mirará mal la foto que su dienta le enseña para copiar exactamente el corte de una modelo de revista.
Sabrá recomendar productos para mantener la belleza y la forma de un determinado cabello.
Abrirá una ficha para tener las fechas de los tratamientos bajo control.
Cuidará la higiene de su salón.
Un buen peluquero jamás impone su opinión, porque sabe dialogar y negociar con su dienta sobre lo que ella quiere y lo que él considere más adecuado.
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