La planta de los pies es una de las zonas más castigada del cuerpo. En invierno encerramos los pies a altas temperatura durante horas; y, en verano, además de que los pies son los más sufridores de los efectos del calor y el sudor, les despojamos de ropa y les exponemos con frecuencia al contacto directo con el suelo y la arena. Como consecuencia de este vaivén, la piel de la planta de los pies se endurece formando unas durezas que por higiene y estética convienen eliminar. Después de someter a los pies a un baño relajante con agua caliente y jabón, conviene retirar con una piedra pómez natural la piel muerta y endurecida. Estas piedras están compuestas principalmente de silicatos y sus propiedades abrasivas son idóneas como exfoliantes cutáneos.
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